viernes, 5 de agosto de 2016

El cuerpo del deseo, y más... (Relato de Misti-Ficción)

Así como al amputarse un miembro, su presencia parece seguir percibiéndose en algún lugar de nuestro sistema nervioso, cuando la fuerza vital se desconecta del cuerpo físico, este sigue sintiéndose en "el cuerpo de deseo"; si bien el cuerpo físico ya ha comenzado su proceso de descomposición hacia formas más elementales, permitiendo así el reintegro de sus componentes al reino correspondiente  (proceso dentro de la sepultura o cremación)

Por algún tiempo, la fuerza vital sigue aportando energía al cuerpo inmediato y sutil, que le llamamos "el cuerpo del deseo" (proceso fuera de la sepultura...)

El cuerpo del deseo así energizado es atraído por seres encarnados que como tales están "viviendo" en el mundo de las sensaciones y son influenciados (¿seducidos?) para compartir el momento emocional, sea este amoroso, ternura, compasión o ira, odio, rencor, enojo y/o venganza. El resultado a nivel físico puede ser totalmente imprevisible; nos referimos a él como "éxtasis místico", "pasión incontrolable", "estado de emoción violenta", "psicosis galopante", etc.

En algún brote de inspiración desearía  describir una teoría sobre cómo los seres encarnados accedemos a estas influencias sutiles, diferenciando los mecanismos de defensa con los que contamos con los mecanismos de represión  impuestos por fórmulas "moralistas" que, si bien ayudan al propósito, alteran bastante la calidad de vida.

Ahora prefiero continuar con la evolución del alma desencarnada.

La misma fuerza vital que ancló el alma individual a su cuerpo en el momento del nacimiento a través de la inspiración inicial del bebé, rompe dicho vínculo en la última espiración.

Pero otro desanclaje es necesario, como un cohete cuando es lanzado al espacio y va descartando sus tanques de combustible: el desanclaje del cuerpo del deseo. Antes de ello podrán ser revisados sus componentes y revividos dentro de los límites de su plano espiritual. Aquí es donde, perturbado e inadaptado al nuevo estado, este cuerpo de deseo busca unirse a cualquier cuerpo que le posibilite su acceso para realizar alguna experiencia incompleta o no resuelta.

No te tomes esto como una verdad inapelable, toma solo lo que resuene como tu verdad, y si no es así, por favor, descártalo.

No bien este cuerpo, en su proceso de evolución, es alcanzado por la consciencia del alma individual, todo deseo es disuelto y el cuerpo en su totalidad es abandonado por la fuerza vital que se retira hacia su lugar de origen.

Me agrada la imagen de una gran nube llamada Alma Universal, de la que derivamos todos los seres vivos. Los humanos tenemos, a su vez, con origen en aquella, nuestra propia Alma Universal. De ella surgen muchos brotes o individualidades (EGOS). Cada uno de esos brotes se va recubriendo de cuerpos ya desde el inicio a la inmersión en los planos más densos de la existencia
.
Hay muchas descripciones detalladas de estos planos, mentales, psíquicos, emocionales, cada vez más densos, hasta el cuerpo físico.

Al cuerpo físico lo conocemos a través de nuestros cinco sentidos. Al cuerpo emocional lo conocemos a través de la observación de nuestras emociones y al mental observando nuestros procesos de detección y creación de pensamientos y mecanismos de interpretación.

El que da unidad al cuerpo físico, mental y emocional es el "ego", con minúscula, navegador y vigilante en el mundo denso.

Pero hay una entidad que observa todo: La Consciencia; que es un atributo del alma, es un observador silencioso, que no habla ni emite juicios (así lo podemos distinguir del proceso del pensamiento, herramienta que utiliza nuestro ego para dar razón de ser a su existencia)

El alma individual con ese observador silencioso, la consciencia, es lo que persiste, según su libre albedrío, junto con el archivo de todas sus experiencias, que comparte con el Alma Universal en un flujo de ida y vuelta eternos para nuestros niveles actuales de comprensión del tiempo.

Para finalizar quiero señalar que el cuerpo del deseo es el que nos mantiene encarnados, es el que atrae y canaliza la fuerza vital que obra como pegamento entre el alma y el cuerpo, dos sustancias tan distantes y distintas energéticamente.

Juntos, cuerpo y alma, nos permiten canalizar el Amor Universal, que es la Luz Mayor y traerla hasta los confines de la existencia donde se desplazan nuestros cuerpos físicos.

Para ello nuestra Consciencia debe poder acceder a todos los rincones.

Colaborar en la construcción de esos caminos de luz en nuestro interior es nuestra tarea existencial.

 Tenemos libre albedrío, podemos colaborar o resistirnos.

Si nos resistimos, la luz simplemente seguirá allí hasta que aceptemos voluntariamente su ingreso.





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