jueves, 31 de mayo de 2012

Dedicación exclusiva (la excelencia en la dedicación)



Esto está dirigido a quienes viven a un ritmo acelerado… a los apasionados por algún aspecto particular de la vida… a los que les ocurren cosas que no comprenden en su diario vivir… sufren y sienten que no disfrutan su existencia terrenal.

Primero voy a relatar brevemente el comportamiento de un médico cuando atiende su consultorio. Dedica toda la atención al paciente a partir del instante mismo en el que este se acerca a la puerta de entrada. Allí el profesional lo espera con una sonrisa relajada y la mano extendida como saludo cordial y de bienvenida. Su actitud corporal está acorde con la expectativa frente al relato de dolencia, temores e interrogantes que trae el paciente a la consulta. Para ello, previamente se preparó habiendo pasado por el baño, evacuado sus necesidades básicas intestinales, vesicales, estomacales (con comida frugal y habiendo tomado el líquido necesario). También procuró dormir suficientemente la noche anterior, absteniéndose además de tomar bebidas alcohólicas. Los turnos han sido programados según un promedio del tiempo que le lleva cada consulta, algunas tardan más y otras menos, de modo que no debe preocuparse porque haya gente afuera esperando. También toma precauciones para no ser interrumpido por llamadas (el bendito teléfono celular!!) y da instrucciones de “no molestar” a su secretaria.

Como lleva un registro de historia clínica en la computadora, debe ir anotando los datos en la medida que estos se van produciendo, circunstancia que anticipa al paciente para que sepa lo que esta haciendo cuando teclea la información. En general el paciente ve de muy buen grado el hecho que todo quede debidamente registrado. Incorpora así al ordenador como parte de la díada médico-paciente. Cada cosa que va a hacer se la anticipa. Por ejemplo: “por favor siéntese en la camilla y quítese la camisa, voy a examinar sus pulmones y el corazón” y luego: “ahora recuéstese boca arriba para que pueda abordar su abdomen”, “tomaré sus valores de tensión arterial”. Finalmente efectúa una devolución de la información obtenida, con indicaciones y prescripción de medicamentos si fuera necesario.

Cualquier interrupción no prevista será objeto de aclaración, pues el tiempo de consulta es exclusivo del paciente y merece recibir toda la información.

Imaginemos ahora otra escena totalmente opuesta: Un médico que con la puerta entre abierta grita un apellido, el paciente abre la puerta entra… el médico le indica que se siente mientras está firmando unos papeles y habla por teléfono… ni siquiera hace contacto visual. Luego con la mirada fija en la computadora le pide que le diga el motivo por el cual concurre a la consulta. Mientras suspira y da un vistazo de reojo al reloj, lo interrumpe con alguna pregunta. Sin que el paciente haya podido contar todo lo que tenía para decirle, el médico desenfunda la lapicera escribe una receta, se la extiende diciéndole: “dos comprimidos cada ocho horas, y vuelva en 72 horas, haga reposo, nada de fritos, tabaco ni alcohol, mientras tome este medicamento no maneje, si tiene alguna novedad antes venga a la guardia”… “SIGUIENTEEEE!!!!!...”

Esto que he descrito parece una exageración paro sigamos adelante:

El papá pasa a retirar a sus dos hijos por la casa de la mamá. Múltiples imprevistos hicieron que llegara un par de horas tarde. Los niños estaban ansiosos y la madre enfurecida. Mientras los padres intercambiaban ásperas palabras los chicos corrían al auto y se desafiaban en alta voz compitiendo por el lugar del medio en el asiento de atrás. Con las mandíbulas contraídas y la mirada fija en el horizonte el papá manejó hasta casa haciendo oídos sordos a las voces chillonas que resonaban en el habitáculo, mezcladas con los altavoces del equipo musical.
Ya en casa, los chicos comieron primero algo que les mandó la madre. Luego, mientras él cenaba frente al televisor (viendo algún programa que lo hiciera reír un poco), los hijos le mostraban los cuadernos con las tareas… el papá miraba alternadamente los cuadernos y la tele, hasta que estalló un conflicto entre hermanos que terminó con un golpe de puño sobre la mesa y una orden inapelable: “A LA CAMA!!”.

Al día siguiente mientras sus hijos corrían por la plaza, el hablaba interminables minutos por teléfono, todos temas conflictivos… “qué vida de mierda tengo…”

Luego a almorzar pizza con gaseosa y de regreso a casa a jugar con la compu, mientras papá duerme la siesta, porque “papá trabaja mucho y está cansado, no es como la vaga de su madre que siempre encuentra algún gil que la mantenga”

Mañana domingo van a almorzar a la casa de la tía, porque papá tiene un almuerzo al que no puede faltar, yo después paso y los llevo a casa de su madre.

Ahora otra historia:

A este papá le toca retirar los dos niños de la escuela y tenerlos durante el fin de semana. En la tarde de ayer se sentó a planear su convivencia con los hijos, hizo una lista con las cuatro comidas (una el viernes a la noche, dos el sábado y una el domingo al mediodía), compró los alimentos necesarios, incluidos leche, nesquik, galletitas algún flancito, frutas, jugos. También pasó por el video y alquiló dos pelis al gusto de cada uno de ellos.

Desde el momento que los retiró del colegio, estuvo pendiente de ellos… este es su tiempo conmigo, pensó. Luego de saludarlos efusivamente y escuchar sus relatos “más urgentes”, los subió al auto y comenzó a “detallarles” los planes generales de este finde.
Acordaron que las tareas escolares iban a ser hechas hoy mismo después de la merienda, para poder disfrutar todo el sábado y domingo. Llegados a casa papá preparó las meriendas y los tres comieron y se contaron con más detalles las novedades de la semana. Luego mientras los chicos hacían la tarea, papá organizó las cuatro comidas, frisando las que se podían preparar con tiempo. Cuando sus hijos miraban televisión él los observaba en silencio, estando preparado para responder a las inquietudes que les surgieran. Cuando le pidieron jugar se unió a ellos con alegría. Esa noche antes de dormir los tres leyeron un libro con unos relatos seleccionados…
Así transcurrió la estadía, con salidas al aire libre incluidas, duchitas refrescantes y cepillado de dientes, hasta que el domingo a la tardecita el papá los dejó en casa de su mamá. El domingo a la noche papá se organizó la semana que comenzaría al día siguiente.
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Usemos nuestro intelecto para organizarnos una vida más saludable… Nosotros no elegimos los eventos que ocurren en la vida, pero podemos organizar nuestro comportamiento frente a ellos. Cuando programamos nuestro encuentro con otros (de trabajo o no) pensemos en sus necesidades y la forma en que serán satisfechas, pongamos nuestros límites con anticipación… cuando no hacemos previsiones se frustran las expectativas de ambas partes. Durante la relación hagamos “dedicación exclusiva” (no es conveniente comer, mirar televisión, hablar con la pareja o la familia, hablar por teléfono o mandar mensajes de texto simultáneamente). El amor no es solamente el abrazo, los besos, las relaciones sexuales. El amor se anticipa a las situaciones y el resultado es siempre con beneficio mutuo. En el resultado veremos si hubo suficiente amor o no. Analicemos cada experiencia y propongámonos mejorar nuestra participación en la próxima consulta… en el próximo fin de semana con los chicos… en el próximo encuentro de pareja… en la próxima reunión con amigos… en la próxima reunión de trabajo…


PD: Al paciente que le tocó ser atendido por el segundo médico, le recomiendo que busque otro para la próxima… hay mucha gente muy buena en todas las áreas.

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