miércoles, 25 de agosto de 2010

Agradezco los que me consideran su amigo,
capaz de gozar con sus alegrías y acompañarlos en sus tristezas…

Así como cuando éramos chicos y al lastimarnos íbamos corriendo a los brazos de mamá o papá, a reconfortarnos con su ternura y caricias, de grandes nos sentimos reconfortados cuando nuestros amigos y seres queridos saben de nuestros dolores y nos acompañan, cada uno a su modo, en los tropiezos que damos en la “escuela de la vida”.

Ocurre que el “amor” que desde temprana “adolescencia” anhelamos, comienza con pensamientos, miradas pícaras, atracción física, pasión, sigue con desencuentros, distanciamientos ocasionales o definitivos, para finalmente extinguirse dejando unas cenizas tibias que invitan a avivar siempre el fuego. Cada vez que avivamos esas cenizas con pensamientos debemos estar dispuestos a “vivir” íntegramente cada una de las etapas, aún las de “sufrimiento”, ya que forman parte de ese “amor”, al igual que las espinas están unidas a la belleza de la rosa.

Este ciclo, puede ser repetido infinidad de veces, independientemente de la belleza física o la edad.

Ayuda tal vez para su comprensión, saber que somos nosotros, y sólo nosotros, los que decidimos efectuar el viaje. Por alguna razón necesitamos embarcarnos en esa Nave y llegar a esos Puertos. A veces al punto de aceptar viajar como polizón o haciendo tareas de servidumbre a bordo del barco.

La vida cotidiana, nuestra educación, “el marketing”, nos lleva a creer que estamos incompletos, que nos falta algo… Y entonces nuestra mente obedeciendo a los mandatos de esa creencia sale en busca de ese algo imposible de encontrar afuera. Es que la mente o el “ego” está formado y alimentado por los cinco sentidos y necesariamente cree sólo en lo que ocurre afuera y allí busca la solución.

Cuando, ego aparte, contactamos con nuestra naturaleza Cósmica y vislumbramos la sincronía que tenemos con todo el Universo, sabemos que nosotros somos el AMOR, y entonces el amor se derrama a nuestro derredor y podemos ser fuente y elegir con quien compartir nuestro bienestar (y no nuestras carencias). Esta es la fuente cuya agua quita la sed para siempre.

Te mando un abrazo de oso!!!!!!


18 de agosto de 2010

4 comentarios:

  1. Bueno Hugo...me encanto tu escrito, con qué veracidad y calidés, dejas una enseñanza de la vida...una vida que elegimos cómo vivirla , pues unos se chocaran varias veces con el mismo muro, otros en cambio aprenderan de los errores, y otros dejaran que fluya sin importarles.
    El amor y no el egoísmo , ego, orgullo, hace que este camino que recorremos ,sea mucho más grato, y así salvarnos unos a otros y compartir , como lo hacemos aquí, mediante nuestro mundo,éste donde expresamos...un beso amigo!!!

    ResponderEliminar
  2. Gracias por tus comentarios Carla. La vida tiene un camino único para cada uno de nosotros, ese camino nos es desconocido, tropezamos con facilidad y muchas veces caemos. Salvarnos unos a otros como vos decís, consiste en ayudar a levantar al que se cayó cuando estamos de pie. La próxima vez que caigamos, sonriamos con el alma y aceptemos todas las manos que se ofrezcan para ayudarnos.

    ResponderEliminar
  3. HOLA DOCTOR!!!...jajaj...vengo a saludarlo y desearle que pase un lindo finde...un abrazo amigo!!!

    ResponderEliminar
  4. Hola amigo, paso a saludarte y desearte un feliz finde!!!

    ResponderEliminar